Petit Palace, una de esas cadenas hoteleras para probar y repetir

Las que somos mamás y decidimos lanzarnos a la aventura de disfrutar de unas vacaciones en familia tenemos que tenerlo todo bien atado. ¡Qué digo bien atado! Tenemos que tenerlo todo atado al milímetro y un poco más. Así de dura y encantadora (a partes iguales) es la vida en familia. Aunque la experiencia de disfrutar de esos días de descanso con los que más quieres es altamente recomendable, lo cierto es que todos los planes se pueden ir al traste si no se elige el hotel que toca.

No, definitivamente no todos los hoteles están pensados para familias y claro, esto puede ser un auténtico problema cuando (como en mi caso) viajas con niños pequeños que necesitan de esas “cositas” especiales pero sencillas como una sillita de paseo o una cuna.

Al final, son las experiencias de la vida y la técnica del ensayo-error las dos únicas formas de comprobar que realmente un hotel es ideal para esas vacaciones en familia. Y si bien, en mi corta experiencia como madre (ya que me hijo mayor tiene 3 y el pequeño 1) he pasado por varios, hay una cadena que -en esto de pensar en las sufridas familias viajeras- se lleva la palma por su profesionalidad, su calidad y sus muchísimos servicios: me refiero a Petit Palace Hotels.

Family Experience, Petit Palace Hotels

Family Experience, Petit Palace Hotels

Con hoteles boutiques realmente bonitos distribuidos por diversos puntos de la geografía española (nosotros hemos probado Sevilla, Málaga y Valencia), la cadena ofrece unos paquetes especiales llamados Family Experience en los que puedes encontrar desde habitaciones especiales (más grandes de lo normal), a regalitos para tus peques, sillas de paseo y un largo etcétera. Todo y más para hacer de tus vacaciones una auténtica experiencia familiar.

Junto a su precio asequible y competitivo (eso sí, no dejéis de mirar las ofertas de los hoteles Petit Palace ya que son constantes y realmente buenas), los hoteles de esta cadena se caracterizan por estar localizados en los puntos más emblemáticos de cada ciudad. Así, y si bien en Sevilla pudimos disfrutar de una estancia en el mismísimo Barrio de Santa Cruz, en Málaga fue la Calle Larios la que nos veía ir y venir con nuestros peques y nuestra sonrisa de oreja a oreja.

¿La guinda del pastel? Aunque mi marido se quedaría con sus desayunos (porque él se suele fijar especialmente en lo que afecta directamente a su estómago), yo que me quedo con el trato encantador de su personal. Un personal siempre atento, un equipo humano amable y un grupo de personas capaz de anteponerse a todas nuestras necesidades. Sin duda, una de esas hoteleras para probar y repetir. ¿Mi nota? Un sobresaliente alto, por qué no.

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